VAMOS A HABLARNOS CLARO…

Platicar, intercambiar ideas, dar alguna indicación, o cualquier otra forma de interacción con las personas que nos rodean en todos los aspectos es algo tan común, tan recurrente, que pierde cualquier clase de importancia, después de todo, no podemos ya vivir desapegados de otros, hay cosas que resultan “obvias” y creemos que hacemos bien, pero da la casualidad de que realmente es fácil hacerlas… mal, como expresarnos, por ejemplo.


Por esto siempre es ideal tener el contexto de lo que se leerá, en este caso quisiera comenzar por esa parte y presentarme, soy Marcelo Bustos, colaborador desde hace tres años en AutoPasión, en Toyota Saltillo, y egresado desde hace como nueve de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila.


Me es importante mencionar de qué institución egresé ya que fue justamente ahí en donde un par de preceptos se quedaron fuertemente arraigados en mis ideas y ahora los considero leyes de oro: “si no tienes claras las ideas, difícilmente hablarás claro” y “siempre debemos comunicarnos pensando en que si el mensaje no se entiende, es culpa del emisor”.


Tan sencillas como se leen son dos poderosas herramientas al alcance de todos, pero lastimosamente obviadas por la mayoría, en la que admito que a veces me incluyo. Concretamente la primera de ellas (la de las ideas claras) fue sembrada en mí enseguida de mi ingreso a esa facultad por el profesor Manuel Reyes, famoso en ese entonces por ser sumamente estricto, tipo old school, aunque en regalo de la verdad se ha de decir que sus métodos surtían efecto.


La segunda, por la doctora Andrea Aguilar, quien es toda una institución en todo lo que a Teorías de la Organización se refiere, de métodos algo más modernos igualmente efectivos; en ambos casos atraparon poderosamente mi atención porque en ese momento adolecía de no poder expresarme claramente.


Entonces, lo que quiero compartir con ustedes es un rápido análisis de estas ideas, tenerlas en mente, no como algo obvio, sino como una herramienta consciente que nos ayude a relacionarnos con otros, fuera y dentro del trabajo.


La mente clara


Primero sería adecuado acotar que el habla es siempre derivada de un pensamiento, entendiendo este como la capacidad de elaborar ideas, luego cuando las queremos expresar les damos forma a través de un lenguaje, traducimos lo abstracto del pensamiento a una forma verbal, entendible para otros, o al menos eso buscamos.


Hasta ahí todo excelente, pero ¿qué pasa si no tenemos del todo clara la idea o no la entendemos bien?, pues que no seremos claros al hablar, esto es mucho más común e inconsciente de lo que parece, y es una situación que se presentará si no reflexionamos lo que nos llega, o vive, en la cabeza.


Otro punto importante al que se refería el profesor Reyes al decir esta frase es que para tener la idea clara debes analizar lo que dices, siguiendo este razonamiento lo más normal sería que, por ejemplo, una persona escriba mejor de lo que habla, porque tiene tiempo de pensar lo que va a escribir, no así con lo platicado, que debe salir al momento ya que quien te vea pensar tres minutos cada vez que dirás algo, te va a dejar hablando solo.


Sin afán de jugar al gurú, una forma de hacer conscientes las ideas es meditándolas, echando un ojo al pensamiento para desmenuzar y entender por qué va primero el número 1 y luego el 2, con el 3 enseguida.


Ahí entra la complejidad de este precepto: en qué momento voy a poder pensar acerca de todo, esa es una presión a la que nos enfrentamos todos y solos, pero no es cuestión de pensar todo de un golpe, una cosa a la vez es suficiente, con el tiempo el pensamiento se agudiza y si se vuelve una constante, la mente se hace experta en aclararse, cristalizar las ideas y, una vez asentadas, dejarlas fluir con más facilidad del cerebro a la boca.


¿Me explico? ¿o no?


Caso concreto de la segunda frase, “si el mensaje no se entiende, es culpa del emisor”, este deriva de la idea de que si queremos explicar o transmitir algo a cualquier persona, entonces el principal interesado en que se nos entienda somos nosotros.


Visto así, debo dejar mi alma en el intento de ser claro, poner uno o dos ejemplos para dejar claro un punto, explicarlo de forma sencilla y clara (recordemos lo que leímos arriba), adecuarnos al lenguaje que utilice la otra persona, que sea entendible para ambos.


Esto, insistía la doctora Andrea, es oro molido para las organizaciones, ya que si trabajamos bajo ese precepto, no dejaríamos jamás huecos en la información, seríamos claros, e hipotéticamente el margen de error sería nulo.


Podemos pedir nuestra retroalimentación, preguntar si nos hemos explicado claramente y hacerlo de nuevo si no, es gratis. Si dejamos pasar lo anterior y lo sumamos a otros factores se nos da una situación que se repite mucho en todos los ámbitos de la vida y que vamos a ejemplificar chuscamente: tu mamá te pide que le pases la “desta” que va en el “deste”, que tiene guardada en la cajonera ( aunque tiene dos cajoneras de diferente color y cada una tiene 8 cajones), y la necesita urgente, nosotros como buenos hijos le decimos que sí, vamos a las cajoneras sacamos lo que creemos que nos pidió para llevarlo corriendo y que nos den un chanclazo por mensos, porque eso que tomamos no era lo que pidió.


Algo muy diferente sería que tu mamá te dijera que le pases la aguja para la máquina de coser, que la tiene en una cajita roja que está en la cajonera blanca, en el primer cajón de arriba del lado izquierdo.


Tan cómico como puede ser esa situación, imaginen que pasara en un lugar de trabajo, un compañero que por la vergüenza teme preguntar nuevamente por una indicación que no entendió del todo y alguien que considera se explicó (aunque no), podemos evitarles esa pena y los errores derivados de ella si nosotros mismos nos esforzamos por ser claros y pedimos saber si lo hemos sido.


Y ya, sería todo.


Marcelo Bustos

Trainer de Toyota Saltillo




Entradas destacadas
Entradas recientes
Archivo
Buscar por tags
Síguenos
  • Facebook Basic Square