El superpoder que vive en ti


Antes de iniciar con el artículo te quiero invitar a que hagamos juntos un ejercicio. Recuerda tu “yo” de 7 años y responde:


De adulto quiero ser…


Ahora te pido que respondas como tu “yo” actual


¿Por qué quería ser eso?

¿Realmente eres lo que dijiste que ibas a ser?

¿Qué pasó en el camino que me hizo estar donde estoy ahora?


Quizá, querías ser bombero, pero desististe de la idea por los riesgos que implica entrar a una casa en llamas , o bien , querías ser bailarina, pero claudicaste al darte cuenta que deberías entrenar durante horas y horas, sacrificando en ello gran parte de tu infancia.


En el mejor de los casos eres la persona adulta que querías ser cuando eras niño.


Pero ¿Sabes algo? Llevo varios años haciendo estas mismas preguntas a mucha gente y la mayoría de las personas que conozco terminamos siendo algo completamente diferente a lo que queríamos ser cuando éramos niños y aun así somos muy felices.


Ahora te platico mi experiencia.


Cuando niño quería ser piloto de avión, desde chico me han apasionado los aviones y pensaba que si me la pasaba volando todo el tiempo sería muy feliz; pero nunca hice algo concreto por llevar más allá mi interés; aunque años más tarde por casualidad terminé trabajando casi 13 años en aeropuertos haciendo algo que me encantaba (pero esa es historia que después te platicaré).


Ya más grande (en la secundaria) quería ser doctor, pero una vez, al estar auxiliando a una señora en un accidente vial , al ver la sangre y las heridas de su frente supe instantáneamente que eso no era para mi.


Dos meses antes de entrar a la Universidad, el día que cumplí 18 para ser exactos, escuché unas palabras que cambiaron mi vida por completo, tan es así que al día de hoy ya con casi 45 años aun las recuerdo como si hubiese sido ayer.


Terminando de soplar las velas del pastel me dijo mi madre la siguiente frase: “Hijo , ahora ya eres adulto y tienes en tus manos el regalo más grande del mundo, el poder de hacerte responsable de todas tus decisiones”.


A partir de ese momento comprendí poco a poco, con cada acierto y error, que solamente uno mismo tiene en sus decisiones el poder de cambiar eso que muchos llaman destino.


Así mismo con el tiempo he aprendido que todas y cada una de las decisiones responsables o irresponsables que tomamos son impulsadas por una determinación y dependiendo de su tamaño, la voluntad de perseguir los sueños crece o simplemente disminuye hasta dejar que estos mueran.


No con esto te quiero decir que el hacerte responsable de tus actos cambia de la noche a la mañana tus circunstancias pero el hecho de poder decidir cómo actúas y reaccionas controlando tus emociones e impulsos más básicos frente a las cosas que suceden sí cambiará todo tu entorno.


Llama mucho mi atención cuando alguien de forma consciente, inconsciente o subconsciente trata de culpar o responsabilizar a terceros de sus propios actos, reacciones o inacciones, ya que de forma inadvertida al hacerlo pierden automáticamente el control de sus vidas.


Por ejemplo:


Si alguien se pasa un semáforo en rojo a toda velocidad y casi choca contigo; tienes dos opciones:


Te enojas , y le gritas P?&@# CASI ME CHOCAS , y sigues gritando enfurecido mientras le recuerdas de una forma poco decente a toda su familia , creando en el proceso un entorno incómodo dentro de tu auto. Por cierto tus acompañantes fueron los únicos que escucharon tus majaderías y muy probablemente la persona que casi te choca ni se percató del insulto.


O bien

Esperas unos segundos a que pase el susto y luego piensas, “Ojalá que este individuo no ocasione un daño mayor a alguien y que llegue con bien a su destino”. y sin más ni menos continúas con tu camino.


Quizá la persona que se pasó el alto iba a toda velocidad al hospital porque su esposa estaba dando a luz, o probablemente iba muy tarde a su trabajo o malamente se distrajo con el celular. (la realidad es que no lo sabremos).


Lo que sí es un hecho es que cada una de las personas con las que coincidimos en esta vida tienen sus propios planes, intereses y prioridades.


NO somos el centro de su universo.


Dejar que una persona te “haga sentir” de tal o cual forma o permitir que alguien “cambie” tu estado de ánimo, equivale a poner tu felicidad en manos de un tercero que muy seguramente actuará de acuerdo a sus intereses.


La mejor manera de tomar el control de las cosas que nos “pasan” es aceptar que nosotros somos 100% responsables de cómo accionamos o reaccionamos frente a las circunstancias.


La responsabilidad de todo lo bueno o malo que nos “pase” es totalmente nuestra y nosotros decidimos si queremos jugar un rol pasivo o activo en nuestra propia obra.


Por lo tanto de igual forma debemos aceptar que en gran medida varias de las cosas que “nos suceden” solo serán diferentes si actuamos distinto o si tomamos otras decisiones.


Sin lugar a dudas estamos frente a épocas que implican nuevos retos y siempre existirán elementos que se encuentren fuera de nuestro control (por lo general son los más) por lo tanto aún quedan muchas decisiones por delante.


Independientemente de lo que venga a futuro que aún es incierto hay una constante que no podremos cambiar y esa es “todo lo que ya ha pasado”, por lo tanto sólo resulta conveniente concentrarnos en el día de hoy y las nuevas oportunidades que nos ofrece de ser felices.


Hay una palabra en inglés que difícilmente se puede traducir al español sin que pierda su esencia, Accountability , sin embargo esta palabra es representada por uno de nuestros valores AutoPasión Hazlo Tuyo, o haz lo tuyo , te invito a que lo vivas y a que en mayor o menor medida abraces la responsabilidad de tus actos y tus decisiones, al final del día esa es la parte que a todos nos toca hacer nuestra.


A manera de resumen cierro este artículo con dos reflexiones propias y una frase que alguna vez escuché por ahí:


La felicidad futura es un efecto causado por tus decisiones presentes.


La consciencia de tus acciones o inacciones evitará los arrepentimientos de tu pasado.


“El hubiera sí existe pero al ser una forma verbal en primera persona no se conjuga con otros verbos”.


Pero esa es otra historia.


Hasta la próxima.


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